martes, 15 de diciembre de 2009

Relatos de Abraham Homero (VIII)




Dirty Hobbies

(Aficiones sucias)

Todas las personas que actualmente me conocen me consideran una persona respetable. Por mi trabajo, suelo reunirme con catedráticos, primeros ministros y hasta jefes de estado. Y en mi tiempo libre siempre tengo una localidad reservada en los palcos de teatros y campos de fútbol. Además, gracias a una amplia cantidad de amistades tiendo a relacionarme con personajes de conocida vida pública y social. Sin embargo, muy pocas saben que tengo pequeñísimas debilidades con las que hacer más soportable mi vida. No transijo ninguna ley; pero mis vecinos, mis allegados, mis familiares se escandalizarían si se enteraran de alguna de ellas.

A todas las personas, desde pequeñas se nos educa en lo que está bien y en lo que está mal. En lo que se puede y no se puede hacer. Todos comprendemos esta serie de normas y aparentemente todos las respetamos. Todos nos rasgaríamos las vestiduras si alguien, en mitad de un discurso, proclamara lo mucho que le divierte levantar la falda a unas jovencitas. Y en público nos indigna, claro que sí. Pero también, todos sabemos que en alguna parte de ese hipotético discurso, hay alguien que le divertiría pasearse entre jóvenes y levantarles la falda; y todo eso simplemente por el placer de hacer algo prohibido. Confieso que yo no llego a tanto (si es que creen en mi confesión, claro) pero debo decir que yo tengo un pasado como voyeur (breve, eso sí). Sinceramente todo sucedió de casualidad. Estaba tomando una ducha y sin darme cuenta descubrí que el ventanuco de mi baño daba directamente al ventanuco del baño del vecino. No fueron ni cinco segundos, pero los suficientes como para que la vecina (que también se estaba duchando) armara un pequeño escándalo porque decía que la estaba espiando. Le dio igual las explicaciones que argumentara, no me creyó y en todo el vecindario me etiquetaron como el voyeur del cuarto piso. Perdí algunas amistades y me retiraron varios saludos. No he vuelto (de forma consciente, pues soy una persona respetable) a ejercer la afición de mirón, y desde ese día hay una pregunta que me corroe: ¿Era yo quién miraba a la vecina o la vecina quién me miraba a mí; y que justo en el momento se cruzaron nuestras miradas; ella, tras ser descubierta organizó todo aquel alboroto? Nunca lo sabré pues desde entonces hice instalar un cristal de celosía.

Como ya he dicho, ésta realmente no fue una afición, sino algo accidentado. Sin embargo, sí hay algo que me atrae e intento practicar con mayor frecuencia.

El séptimo mandamiento dice: “no cometerás adulterio”, y décimo mandamiento: “no desearás a la mujer de tu prójimo”. Vale. De acuerdo. Pero si todas las mujeres por las que siento una atracción están comprometidas qué hago? ¿me tiro por el puente?

Por fortuna en el pasado había muchos igual que yo, así que por eso imagino que despenalizaron el adulterio. Puede que moralmente esté mal, yo no digo lo contrario, pero todo el mundo debió estar de acuerdo que con la tortura mental ya había suficiente. Aunque, ¿por qué despenalizar el adulterio cuando es legal el divorcio? Quizá es que haya más gente como yo de lo que cabría imaginar entre los que velan por nuestra legalidad.

El caso es que a mí las mujeres solteras no terminaron de atraerme tanto como las comprometidas. Para mí el cruzar una puerta de acceso restringido siempre es más excitante que el hacerlo por la puerta principal. Ya saben, el placer de la fruta prohibida.

No lo nieguen: cuando un amigo nos enseña el coche nuevo que se ha comprado y es mejor que el nuestro, una pequeña dosis de envidia circula por nuestras venas. Eso es algo que conocen desde los profetas antiguos hasta los publicistas modernos, y en el fondo; ansiamos poseerlo. Y seamos sinceros: con las mujeres nos pasa igual. Nuestro amigo se nos acerca sonriente y antes de que le preguntemos porqué, echa mano de su móvil y nos muestra la foto de su nueva novia. ¿Por qué nos la enseña? Porque sabe que nos dará envidia. ¿Y qué hacemos? Lo que nos han enseñado; felicitarle por la novia que ha conseguido y mostrarle pequeñas dosis de envidia. Nada más. Sin embargo, cuando desear a la novia de alguien es una de nuestras aficiones, el resultado es bien distinto.

En principio hago lo que dictan las normas sociales, y le felicito por su nueva pareja y espero pacientemente el momento de conocerla. En ese momento trato de hacerme amigo de ella. El 90 % de las veces es bastante fácil, su pareja es amiga nuestra y lo mejor de todo: conocemos también sus debilidades.

Intenten romper un cubito de hielo de un puñetazo. Es realmente difícil, casi imposible; pero prueben a sujetar pacientemente el cubito con la mano y, con el tiempo, se derretirá. Perderá toda su fuerza. También se enfriará su mano, pero a estas alturas el que se enfría la amistad con nuestro amigo nos importa realmente poco. Más del 40 % de la población adulta se confiesa infiel, y el 60 % restante aún no se ha confesado. No sean tan ingenuos, que ya hay demasiada gente con cornamenta que aún cree en el espíritu santo.

Obviamente, una vez conquistada deja de interesarnos, como el coche viejo frente al que anuncian en televisión. Es ley de vida. O de marketing. ¿Por qué hago todo esto? En el fondo, porque es mi debilidad, pero honestamente le estoy dando una lección de humildad a mi amigo, como hacen los ricos con los pobres que evitan ostentar de riqueza en su presencia para que no los maten.

Otra de las cosas a las que soy aficionado es a cotillear en cajones ajenos. Ya me entienden. Puede ser en los archivos de un solitario despacho o en las oficinas de una gran empresa. Sin embargo, con lo que más disfruto, es cuando me hallo en casas particulares. Como persona respetable que soy, en ocasiones paso la noche en casa ajena, y dado que tengo ganada su confianza, me dejan dormir mientras los inquilinos salen a la calle a realizar sus tareas. Al despertar, aburrido sin tener nada que hacer, aprovecho para rebuscar en sus cajones, sus armarios, sus discos duros de ordenador, sus sótanos; y paso el rato probándome sus vestidos, leyendo sus conversaciones guardadas de messenger, o viendo sus fotos privadas. Esas cosas. Créanme: se descubren muchas sorpresas y se conoce mejor a la gente. Aprovecho para recomendar este sano deporte, sobre todo a padres con hijos adolescentes. Ya me lo agradecerán.

Supongo que te estarás preguntando qué clase de persona respetable soy, que mira a sus vecinos cuando se duchan, que desean a la mujer del prójimo o husmean en los cajones de los amigos cuando estos no están. Pues te responderé clara y llanamente que soy ese a quien ves todas las mañanas reflejado en el espejo, que se afeita o maquilla según el sexo, que se revienta una espinilla rebelde surgida mientras dormías, que cotillea en un buzón cuando alguna carta asoma por la rendija; que afirma respetar las leyes pero conduce a 140 si no hay control de velocidad, que a pesar de rechazar las drogas, de vez en cuando se da una alegría por sus orificios nasales; soy ese que se siente admirado por todos sus títulos colgados de una pared pero que guarda fotos pornográficas en su disco duro. En definitiva, soy esa persona que sale con tu nombre y tu foto en el DNI y que te conoce tan bien.

11 comentarios:

Logio dijo...

Un placer conocerte, amigo.

jose dijo...

Un relato con mucha 'enjundia'.
Muy bueno!

Moisés P. dijo...

Hola Logio, supongo que Abraham tendra el mismo placer de conocerte a ti. SAludos amigo..

Hola Jose¡¡ le traslado a A. Homero que te ha gustado, aunque cuando se pase por aquí ya te leerá. SAludos

Juan Nadie dijo...

Sí, esa persona somos todos.

A. Homero dijo...

Hola a todos los que leen este blog.

Me alegro que les guste el relato.

Veo que desde que donaste sangre el blog va un poco flojillo de información (¿será por la crisis?)

Un saludo, I.G.

Anderea dijo...

Ya no me reconozco ni en lo de la velocidad: una par de multas bien puestas y... ya ves, ¡me he vuelto marciana!

Anderea dijo...

Por cierto, Juan, Jose, Eulogio... y yo que pensaba que andaba entre gente de bien.

Anónimo dijo...

DADI !! jaja bueno papa !!
nada decirte que te quieroo muchisimo .. como estaba mirando tu super bloc pues e pasado a saludarte .. q aunque aveces me enfade con tigue o que te quiero !!
besitos ..
de tu hija gemma pellicer burguera =)

Anónimo dijo...

DADI !! jaja bueno papa !!
nada decirte que te quieroo muchisimo .. como estaba mirando tu super bloc pues e pasado a saludarte .. q aunque aveces me enfade con tigue o que te quiero !!
besitos ..
de tu hija gemma pellicer burguera =)

Moisés P. dijo...

Saludos Juan. Qué pases un feliz día amigo.


Toni, he ido algo liado y ahora estoy de vacaciones; por eso le puedo dedicar un poco más de tiempo a la blogosfera.


Yo coíncido con Anderea. No me reconozco en el relato de Abraham. Besos guapa¡¡


jejejeej gracias por el mensaje Cariño. Un beso muy grande....bueno luego te lo doy en directo.,, jejeje

A: Homero dijo...

Es simplemente ficción.

Naturalmente que no pienso que seas así Moises...
No te preocupes que cuando te dedique un relato encontrarás el sentido. ^_^

Son las....