
Este es el título del último libro que he leído, cuyo autor es de John Carlin. Me lo prestó mi amigo y compañero José A. Nuñez, gran aficionado al rugby y gran lector, que recientemente ha iniciado su andadura radiofónica local, comentando sus libros de lectura (ver ideas, idas y venidas).
"En 1985, cuando Nelson Mandela llevaba 23 años en prisión, se propuso conquistar a sus enemigos, los más fervientes defensores del apartheid. Así obtuvo su libertad y consiguió convertirse en Presidente. Pero la inestabilidad de un país dividido por cincuenta años de odio racial cristalizó en la amenaza de una guerra civil. Mandela comprendió que tenía que conseguir la unión de blancos y negros de forma espontánea y emocional, y vio con claridad que el deporte era una estrategia extraordinaria para lograrlo.
John Carlin muestra el factor humano que hizo posible un milagro: la capacidad innata de un lider, Nelson Mandela, para seducir a todo un pueblo, y su tenaz deliberación de utilizar el mundial de rugby de 1995 celebrado en Sudáfrica, para sellar la paz y cambiar el curso de la historia. Se relata cómo un partido de rugby pudo ayudar a la reconciliación nacional, fundiendo en un abrazo a negros y blancos en todo un ejemplo de tolerancia y respeto mutuo."
A través de este libro surgen una serie de canciones que he querido buscar para completar esta entrada:
Shosholoza:
El día de la final del campeonato que enfrentó a la selección sudafricana con los temibles All Blacks de Nueva Zelanda ocurrieron varias cosas curiosas antes del encuentro. En los 60 minutos que mediaron entre la llegada de Mandela a Ellis Park y el inicio del encuentro a las tres en punto hubo de todo. Primero se cantó una canción, luego pasó volando un Jumbo a baja altura (a apenas 60 metros de la parte alta del estadio) donde se podía leer en la parte inferior del aparato "Go Bokke (animando al equipo sudafricano conocido como los Springboks, y por último, se oyó un clamor que conmocionó el mundo. La canción se llamaba shosholoza. Mandela la conocía muy bien, como prácticamente todos los negros en Sudáfrica.
Históricamente la cantaban los trabajadores negros que emigraban desde las zonas rurales del sur de África a las mina de oro entorno a Johanesburgo; era una melodía alegre y llena de energía que parecía imitar el ritmo del tren de vapor. Mandela solía cantarla con su compañero de prisión Walter Sisulo y otros presos cuando trabajaban en la cantera de cal de Robben Island.
Esta canción fue interpretada momentos antes del encuentro provocando un gran fervor entre los asistentes:
LOS HIMNOS
Die Stem:
El viejo himno sudafricano, Die Stem, era una lúgubre melodía marcial que pedía en súplica a Dios para que protegiese la amada tierra, pero con partes que celebraban los triunfos de los antiguos colonos y expedicionarios en su marcha hacia el norte de Sudáfrica en el siglo XIX.
Nkosi Sikelele
Durante muchos años fue el himno extraoficial de la Sudáfrica negra. Era la sentida expresión de un pueblo que había sufrido mucho tiempo y anhelaba la libertad.
Nelson Mandela propuso que Sudáfrica tuviera dos himnos que serían interpretados, uno después de otro, en todas las ceremonias oficiales, desde las tomas de posesión presidenciales hasta los partidos internacionales de rugby: Die Stem y el Nkosi Sikelele.
Por último dejo el vídeo de los últimos momentos de la final del campeonato del mundo de Rugby de 1995, donde los Sprigboks sudafricanos lograron vencer a los All Blacks neozelandeses por un marcador de 15-12.
Al parecer, esta novela será llevada a la pantalla de la mano de Clint Eastwood, teniendo como protagonistas a Morgan Freeman y Matt Damon
Magnífico libro. Muy emotivo y del todo recomendable.