jueves, 2 de abril de 2009

Relatos de Abraham Homero (IV)



A MI HERMANO LE PESA LA CABEZA

Si a cada uno de nosotros nos dieran una peseta por cada barbaridad que decimos, seguramente muchos seríamos millonarios. Yo, desde hace ya un tiempo empecé a decirle de todo a mi hermano el mayor, (pues somos tres), ya que siempre se ha estado metiendo conmigo. Lo último que le pude llamar fue cabezón, y con eso bastó. Mientras escribo esto desde una gran mesa que hay en la plaza del pueblo, todavía me río de la cara que puso cuando vio que no le empezaba a caber la cabeza en los jerseys. ¡Cabezoooón!! Empezó a sonar entonces por las calles del pueblo cuando le veían a lo lejos, desde las lomas que rodean el pueblo siempre que salía de casa. Aunque sea mi hermano, yo me alegro de todo esto porque siempre yo y el pequeño nos llevábamos los pescozones del bruto del hermano mayor.

Al principio, pues parecía que había pegado el estirón, pero conforme mi madre le fue comprando ropa nueva, nos dimos cuenta de que sobre los hombros tenía una sandía en vez de una cabeza, que tardaba más en madurar que los melocotones de la nevera. A todo esto, pues fue evolucionando como del mono al hombre, lástima que mi hermano se quedara en el gorila, y de las risas y chistes del pueblo, se pasó a la preocupación familiar de mis padres (digo mal, mi madre), hasta que se empeñó en llevarlo al médico para ver qué era lo que le pasaba. Le estuvo llevando varios días, y según parece, aquello era normal, y durante los dos meses siguientes la cosa no cambió demasiado...

Hasta que llegó el invierno, y se ve que la sandía de mi hermano era más melón de año nuevo; y fue por eso por lo que en esas fechas decidió madurar. El día que nos dieron las vacaciones en el colegio, por la tarde yo y el pequeño nos fuimos con mi madre a un supermercado a comprar adornos y regalos para los abuelos, y cuando volvimos el cabezón de mi hermano (valga la redundancia), se había quedado encajado bajo la cama buscando las zapatillas de estar por casa, y hasta que no llegamos, allí se quedó, medio mareado oliendo el maravilloso mundo de sus zapatillas, que echan un pestazo a rata muerta que tira p´atrás. Mi madre cuando lo vio, comenzó a gritar que “aquello no era normal”, “que aquello no era normal”, como cuando el PP ganó las generales. Así que llamamos al pobre de mi padre que se tira doce horas en la fábrica, para que viniera y llevara a mi hermano-calabaza al hospital.

Allí le diagnosticaron la enfermedad del Ircujo, en honor nuestro, claro, la familia Pérez Ircujo. Comenzaron a venir entonces médicos de muchos sitios del país intentando ver a qué se debía ese crecimiento desproporcionado de la cabeza. A la vez le miraron si también le había crecido el cerebro, pero no, eso y la entrepierna fue lo único que se le había quedado chico. A todo esto, en el pueblo no paraban mis amigos de preguntarme qué le pasaba a mi hermano, y yo, pues hasta ideé una teoría y todo. En mi opinión, aquella rara situación se había dado por dos posibles causas: una, a mi parecer muy clara, es el castigo divino por haberse portado mal conmigo desde que era muy pequeño; la otra, que yo recuerde es que nunca le he visto lavarse la cabeza, como mucho la cara a lo gorrino y poco más, y claro, las lluvias y nevadas de este invierno pues le han quitado la mugre y ésta ha hecho como de abono para la cabeza y de ahí ese espectacular tamaño. (Esta otra teoría por los datos que tengo no es del todo fiable). El caso es que parece ser que los médicos le recetaron algo y la cabeza dejó durante un tiempo de crecerle, por suerte para nosotros, porque otro “estirón” y tenemos que reformar los tabiques de la casa. Llegó a todo esto la Navidad y como no tenía mucho dinero para hacerle un buen regalo, pues no se me ocurrió otra cosa que regalarle un casco de buzo del abuelo. ¡No veas qué mosqueo cogió! Por suerte para mí, me escondí en las callejuelas del pueblo y por allí no pasó en todo el día. Cuando volví, mi hermano pequeño me dijo que se estuvo probando el casco de buzo, pero que como mucho lo podía usar de boina.

Mientras nos deleitábamos con las fiestas y las vacaciones (unos más que otros) tuvimos que volver al colegio. Desde ese día y hasta ahora, la maestra lo coloca al lado de las dos puertas y por ahí no pasa ni el aire. Si algún día se pega fuego la clase, me temo que no se salva ni el gato. Con las idas y venidas de la escuela, en esas fechas todavía frías, a mi madre se le ocurrió la genial idea de hacernos unos gorritos para no pasar frío. A todos nos gustó la idea, lástima que mi hermano el mayor quiso la suya blanca, pues me temo que el año que viene vamos a ver al Madrid vestido de caqui.

De la extraña enfermedad ésta han pasado ya algunos meses y, bueno, pues las cosas están igual, con un hermano que necesita un curso por correspondencia para ponerse la camisa y peinarse; lo bueno es que ya ha dejado de meterse conmigo, no me extraña. Ahora el que se mete con él soy yo, y con el pequeño. Bueno, pues no creo que haya nada más que contar; salvo que estoy en la plaza del pueblo, con el gorro blanco de mi hermano y que no sé hasta cuando podré volver a entrar en mi casa...

13 comentarios:

Eulogio dijo...

¡Como te pasas con tu pobre hermano!

MAMEN... dijo...

jajajajaaa, qué barbaridaddd¡¡¡;)

TE DEJOOO BESOOSSSS GUAPOOOO¡¡¡¡

Moisés Márquez dijo...

jajajajajajaja

Que jartá de reír que me he metio :)

Si todos los niños que hubiésemos insultado a otro de pequeño nos hubiese crecido la cabeza ... la especie humana se habría extinguido hace mucho :)

Un abrazo!

Moisés P. dijo...

Hola Eulogio....jejejeje,,, eso se lo tienes que decir al amigo Abraham Homero que es el autor....jajajaja, supongo que ya nos leerá los comentarios...

Hola guapetona Mamen...¡¡ gracias por esos besos que te devuelvo...feliz finde...(luego me paso por tu blog a leer las cosas tan bonitas que escribes y a escuchar esa magnífica música que nos pones). Un besazo..

jajajajaj Hola Tocayo...pues sí,,,aunque la verdad es que yo de pequeño más bien he sido tímido y más bien sentía pena por las víctimas...saludos Moisés y feliz finde..

Max Birrax dijo...

Jajajaaa, malooo... :D ¡Saludos!

Merce dijo...

jajajaja que pasada, me he reido y es san viernes jojojo que bueno y que maloooooo!!! jajaja

Bicos

Anderea dijo...

Gracias a los dos: me he reído a gusto.

He rcordado que mi padre, que por lo demás era bueno y generoso, llamaba a nuestro hermano el pequeño "cabeza buque". Ya sabes, variantes costeras.

Buen finde, Moisés.

Mary Lovecraft dijo...

JAJJAJAJJAAAA!!!! ay Moisés, qué ratito más bueno me has hecho pasar ¡se me ha olvidado hasta el mal cuerpo! XDDDD

'aquello no era normal, como cuando el PP ganó las generales'

XD XD XD XD

buenísimo! ajjajajajaª

un beso Moisés, que pases muy feliz finde!

Balovega dijo...

Muy bueno Moisés.. me he reído cantidad leyendo las barbaridades que has escrito del pobre hermano..

Jjajaja.. .feliz semana

Moisés P. dijo...

gracias a Max, Merce, Anderea (me gusta lo de cabeza buque,,jejejeje), Mary (jajajaj la verdad es que este Abraham es ocurrente) y Balovega (Balo, no lo he escrito yo, estas historias las escribe un amigo mío con el seudónimo de Abraham Homero...)..
gracias a todos por los comentarios

Isa dijo...

jajajajaja que bueno,ha sido buenisimo,hasta que no he leido los comentarios no sabia que no eras tu y pensaba.......como se pasa con su hermano,jajajaj muy bueno si señor,me hiciste reir

Un beso

Isa

abraham homero dijo...

gracias por los comentarios. Me alegro que en estos momentos de crisis, por lo menos la gente pueda echarse unas risas.

Veo que tu blog sigue adelante. Me gustan tus comentarios y entradas.

Un saludo a todos, I.G.

Moisés P. dijo...

jajajajaj Hola Isa...es que este Abraham es la leche¡¡¡ si lo conocieras verías...

Hombreeeeeeee,,, Sr. Homero,,un placer tenerle entre nosotros...¿has visto como triunfas?? pues ya sabes,,, no nos hagas esperar mucho...
un abrazo Toni

Son las....