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lunes, 16 de marzo de 2009

Bodegas Pelky




No puedo decir que nos encontramos en el Valle de Tuscany o en el Valle de Benissa, porque nuestro terreno se localiza a 260 m sobre el nivel del mar; sin embargo vivimos en una zona de gran tradición vinícola, donde el cultivo de la uva moscatel y de las pasas ha sido una referencia histórica en nuestra comarca de la Marina Alta (Alicante). Por eso, siempre me ha hecho ilusión tener un campo de vides para poder producir mi propio vino de autoconsumo, y tener varias cepas que me proporcionen a finales del verano esa fruta tan dulce y de calidad que es la uva de moscatel.

Por fin, este fin de semana hemos podido plantar las cepas de vid. Tras meses organizando y preparando el terreno, al final llegó el momento en el que nos pusimos manos a la obra. Para ello conté con la imprescindible colaboración de un entendido en la materia: Pere "Viasner" (mi suministrador oficial de vino casero).

Previamente habíamos preparado un bancal con tierra de relleno, en un hueco de parcela que teníamos detrás de la casa. Si no recuerdo mal, más de 200 camiones de tierra se han vertido en esa zona.

Posteriormente se volteó toda la tierra para que le diera el sol y el agua de lluvia, y con la ayuda de mi vecino Antonio Revelles pasamos el motocultor para dejarla apta para el cultivo.

La jornada empezó el sábado a las 08:00 h con la marcación de la parcela. Lo primero que hicimos fue marcar los puntos donde teníamos que plantar las cepas. Para ello nos servimos de la ayudad de un gran carrete de hilo que señalaba toda la hilera, para posteriormente, con la ayuda de una vara de caña con la medida prefijada,ir marcando los puntos donde teníamos que situar las parras.

Una vez marcados los puntos nos fuimos a almorzar (¡¡cuanta sabiduría tienen los agricultores).

Con el buche lleno, y satisfechas parte de las necesidades básicas de todo ser humano, nos pusimos a plantar las parras. Pare ello, Pere se ayudó de un artilugio metálico a modo de torno, que es específico para plantar parras. Se inserta la pequeña vara de vid por la parte de las raíces, y se introduce en el terreno a unos 50-60 cm de profundidad. Seguidamente se saca la barra de hierro y queda enterrada la pequeña parra. Posteriormente se le echa un poco de agua y se cubre con tierra. Y así, uno tras otro hasta completar las 5 hileras ("camaes") con las 33 parras en cada una, lo que hace un total de 165 parras (patrón 110). Mi labor, por supuesto era de apoyo y se limitó a ayudar en el marcado de los plantones y en el regado y cubrición de tierra. A las 13.30 acabó la plantación y el regado. Por la tarde tuve que volver a la parcela para acabar de cubrir las plantas que se habían quedado sin tapar con tierra.

A partir de ahora lo que toca es cuidar las cepas y tener paciencia. Que la Naturaleza siga su curso y en poco tiempo empiecen a brotar los patrones plantados. Posteriormente tocarán los cuidados pertinentes (azufre, etc), que ya iré contando a medida que me vaya formando como viticultor.

El próximo año las injertaremos de distintas variedades que vayan bien en esta zona. Y por supuesto, me reservaré 3-4 para disfrutar de la uva de mesa de moscatel.

Os dejo el reportaje fotográfico que hice.



Son las....