Gracias a uno de mis ex-alumnos (Raúl Fernández), he podido conocer este interesante experimento.
En 1963, el psicólogo social norteamericano de la Universidad de Yale, Stanley Milgram, publicó en la revista Journal of Abnormal and Social Psychology el artículo titulado "estudio del comportamiento de la obediencia" cuyo objetivo era medir la buena voluntad de un participante a obedecer las órdenes de una autoridad aún cuando éstas puedan entrar en un conflicto con su conciencia personal. Milgram ideó este experimento a tenor del juicio contra Adolf Eichmamn durante el régimen nazi, y su intención era responder a la pregunta: ¿podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes¿ ¿podríamos llamarlos a todos cómplices?
Lo que veremos en el siguiente vídeo es una aplicación muy interesante de este experimento.
Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)
En 1963, el psicólogo social norteamericano de la Universidad de Yale, Stanley Milgram, publicó en la revista Journal of Abnormal and Social Psychology el artículo titulado "estudio del comportamiento de la obediencia" cuyo objetivo era medir la buena voluntad de un participante a obedecer las órdenes de una autoridad aún cuando éstas puedan entrar en un conflicto con su conciencia personal. Milgram ideó este experimento a tenor del juicio contra Adolf Eichmamn durante el régimen nazi, y su intención era responder a la pregunta: ¿podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes¿ ¿podríamos llamarlos a todos cómplices?
Lo que veremos en el siguiente vídeo es una aplicación muy interesante de este experimento.
Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.
Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)
Enlace interesante